Digitalización, innovación tecnológica y evolución

Rafael Moreno, director de Innovación

Después de muchos años de globalización, la tecnología se ha colocado en el centro de la gran mayoría de debates, tanto a nivel macro (crecimiento económico, desigualdad, naturaleza del trabajo, etc.) como micro (transformación digital). La tecnología es a la vez causa y remedio de todos los males.

Podemos encontrar titulares que anuncian que “El final de la digitalización se atisba en el horizonte” o que mucha de la innovación creada en realidad no ha valido para nada muy sustancial, y que “más vale que nos pongamos las pilas en crear innovaciones con impacto real en la economía”. No obstante, al mismo tiempo tenemos narrativas de cambio acelerado y visiones del fin del mundo tal y como lo conocemos debido a una tormenta perfecta tecnológica encabezada por la triada inteligencia artificial-nanotecnología-biotecnología. Mientras que no hemos parado de oír hablar durante años de las bondades del Big Data, y a pesar de que el PIB a nivel global se haya multiplicado aproximadamente por 6 en los últimos 50 años, no hay una foto clara de cómo lo digital contribuye a esta evolución.

¿Cómo le damos sentido a esto? ¿En qué punto de la tendencia estamos? 

La aparente contradicción no surge tanto a partir de diferencias de base, como de una confusión de narrativas. Sumar peras y manzanas siempre ha dado algún que otro problema.

Por un lado, está la capacidad tecnológica, por otro la proyección de esa capacidad en productos, servicios y capacidades funcionales, y aún por otro lado más, su materialización en cambios económicos y sociales.

¿La digitalización ha sido una promesa decepcionante? ¿Hemos visto más o menos todo lo que podía dar de sí?

Sí y no. Es indudable el impacto de sustituir cartas por e-mails, poder crear procesos de cálculo que se ejecutan automáticamente, o disponer de información más rápido para tomar decisiones. Pero no podemos buscar sólo ahí el potencial de la digitalización.

La primera revolución industrial se fue fraguando durante décadas de avances científicos, tardó más de 40 años tan sólo en conseguir aplicaciones prácticas a los avances tecnológicos, y otros tantos en conseguir que esas innovaciones tuvieran impacto en un número significativo de la población humana como para suponer un gran cambio económico y social.

La utilización de materiales autorreparables, los alimentos funcionales o los medicamentos personalizados por supuesto tienen tanto potencial de impactar como procurar alimento, ropa e higiene a una población que carecía de ellas. No en balde, McKinsey estima que el impacto combinado de ciertas tendencias que se siguen desarrollando en la actualidad (urbanización, cambio tecnológico acelerado, envejecimiento poblacional y globalización) será 300 veces el impacto de la 1ª Revolución Industrial. Pero sería incorrecto menospreciar el papel de la digitalización en todo este cambio.

En primer lugar, la rapidez con la que ha penetrado no puede hacernos perder de vista que por el momento no hemos experimentado más que unas primeras oleadas. Internet, por ejemplo, apenas está en su adolescencia. Es increíble lo lejos que ha llegado el buscador Google teniendo en cuenta que ni siquiera entiende la información que referencia. Todos los avances en inteligencia artificial de la última década que nos dan tanto que hablar son estrictamente consecuencia directa de la disponibilidad de data y el aumento en el poder de computación. Big Data como término ha pasado un poco de moda, parece algo accesible para todos e incluso ya controlado, y se habla de machine learning como si fueran cosas diferentes. Hablemos de fases, pero no creemos espacios y barreras artificiales. El cloud da paso a arquitecturas basadas en el edge computing y en fog computing habilitadas en parte por el 5G y el 6G. El Big Data no ha desaparecido ni decepcionado. El dato es más importante que nunca. 

En segundo lugar, la rapidez con la que ha penetrado no puede hacernos perder de vista las dificultades no tecnológicas de este cambio. Desde los incentivos que crean los modelos de gestión empresariales predominantes en la toma de decisión respecto a las inversiones, hasta los ciclos de mercado o los gaps entre las entidades públicas y privadas, el desarrollo de nuevos modelos y capacidades no es una línea recta. Las innovaciones en eficiencia sólo crearán valor económico y social si reinvertimos esa nueva capacidad.

En tercer lugar, la rapidez con la que ha penetrado no puede hacernos perder de vista que se van fraguando cambios de fondo para los que es difícil estimar el potencial. Las herramientas y usos para comunicarse pueden, simplemente, ofrecer comodidad al usuario, o también suponer el impulso de formas de colaboración y organización que acaben por generar grandes disrupciones. Los modelos de plataforma de la llamada economía colaborativa o los modelos descentralizados habilitados por tecnologías de blockchain poco tienen que ver con la “informatización” de la empresa.

Si bien es un hito increíble que más de la mitad de la población mundial tenga acceso a Internet, más aún lo será cuando la mayor parte estemos conectados como agentes activos de un ecosistema de generación de valor para la humanidad. 

En cuarto y último lugar, muchos de los grandes avances serán habilitados por lo digital. La automatización de transportes como coches, camiones, drones o barcos es enteramente posible por el paradigma actual de tecnologías digitales, y la simulación se encuentra en el centro del desarrollo de disciplinas como el desarrollo de materiales o la medicina genética (por lo que la carrera para la computación cuántica es tan apasionante).

Recorrido y tiempo.

En el grupo Sum, somos especialistas en conectar marcas y personas. No importa qué cambios nos traerán la ciencia y el desarrollo tecnológico, sólo cobran sentido al conectarlos con esa persona que lo necesita, ayudarle a beneficiarse de ellos, y crear líneas de comunicación y otras formas de relación con quien les abastece de bienes y servicios.

Y no puede hacerse de cualquier manera. Si el destino en nuestro viaje es la conveniencia en la comunicación con las personas, la transparencia, el respeto o la cercanía, nuestros drivers son la personalización, la proactividad, el tiempo real, el autoservicio o la ubicuidad. Y lo que es más, los sistemas sociales son sistemas complejos: sólo una pequeña parte es conocida y predecible, y además evolucionan.

La digitalización está aún lejos de haber dado todo su fruto a este respecto. No me cabe duda de que la “última milla” de la relación entre marcas y personas será por mucho tiempo un terreno perfecto para ese proceso sorprendente, caótico, incluso errante, y precioso que es la innovación